Una Vikinga en Texas
“Dadme un GPS y recorreré el mundo”, he dicho muchas veces parafraseando a Arquímedes de Siracusa. Pero ahora, ese aparato tan necesario para que no me extravié por esos mundos de Dios, se ha vuelto completamente loco desde que llegó a Texas. Acabo de manejar desde Miami hasta Dallas, guiándome por él, que me dice cosas como “Mantente a la derecha”, “En 400 yardas doblas a la izquierda”, y otras orientaciones indispensables para llegar a mi destino. Cuando me detenía, por curiosidad pulsaba una aplicación que es para saber dónde estás y me decia condado, ciudad, estado, latitud y longitud. Pero desde que entré en esta jurisdicción, su respuesta exacta, cambió para algo tan impreciso como “Estás en algún sitio de Texas”. Después me di cuenta que cuando salgo de la casa, demora en reaccionar y lo hace erráticamente. Ya me he perdido dos veces.
Este gran territorio no es como Miami o La Habana, que los barrios se encuentran seguidos uno del otro. Aquí hay un poblado y para ir al siguiente es necesario tomar una autopista por varias millas. Da todo el tiempo la impresión de estar despoblado. Anoche fui a una reunión del negocio que estoy tratando de hacer (http://www.betterlife.whyambitworks.com/en/slide-1.aspx). Acostumbro a ir sola a donde quiera, pero ayer me acompañó Olguita, la suegra de mi hijo, que está recién llegada de Cuba. El camino de 12 millas por autopistas y el lugar, un bello y moderno edificio de oficinas, en medio de un sitio, que a nosotras, chicas citadinas, nos resultó desolado y oscuro.
El viaje de ida fue bien, si exceptuamos la niebla, lo complicado del camino, la llegada a ese parqueo solitario y tenebroso. A la vuelta, el aparato perdió la orientación, dejó de hablar y marcar la carretera, que se me hizo, muy extraña, nublada y larga. Al fin salimos a un sitio, como un pequeño reparto y como siempre, de día o de noche, no se ven las personas que supuestamente viven allí. Los jardines estaban ya con los adornos de la fiesta de Halloween y me dice Olguita: “Oye, estamos en el barrio de Drácula. Mira esas calabazas, telarañas, tumbas y esqueletos en los jardines”. Como pude, le expliqué que era una fiesta, lo que la confundió más aún. Tampoco ella tiene mucha noción de la geografía de estos lugares y me decía muy en serio que estábamos en Canadá. Quería parar en un garaje, para llamar y que nos fueran a buscar, pero no la dejé porque por el sitio y la hora me resultaban más peligrosos. Por otra parte para que yo de “ese perro muerto”, de que me tengan que venir a rescatar, tiene que ser que no haya otra salida. Luego, el aparato se recuperó. Llegamos sanas y salvas. Vidal se imaginaba que estaba pasando algo así. Me cambió su GPS que es texano, por el mio. Cuando lo pruebe, les cuento.


2 comentarios:
Nada hija, creo que aquello es mas triste que aqui...
Un beso desde Málaga, y mucha suerte,
Hola Maggy, he tenido esa experiencias tambien con el GPS, lo que hago es que lo reseteo y de nuevo a que busque la direccion (te recomiendo llevar un mapa, just in case). He pasado por el Norte de Texas (Amarillo) y son extensiones de terreno que se te pierde la vista, nunca habia una llanura tan impresionante. Suerte con la orientacion.
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